
Entramos en los meses de otoño e invierno, en los que nos cuesta mucho más airear nuestro hogar abriendo las ventanas, precisamente para que no entre el frío, el viento o la lluvia, y para intentar mantener la calidez del interior.
A pesar de todo, abrir las ventanas, aunque sea de algunas habitaciones clave, durante unos diez minutos al día, es recomendable. En la cocina, el baño, el salón o la sala de estar, es fundamental que haya una renovación del aire, aunque sea mínima.
Pero hay otros tantos trucos que podemos llevar a cabo para que el olor de nuestra vivienda sea agradable. Con unos pocos gestos, y sin utilizar ambientadores químicos o de los que hay que enchufar, que provocan mayor gasto de electricidad, podemos conseguir un buen ambiente.
Un sencillo truco que se puede llevar a cabo en la cocina, donde convivimos con el cubo de la basura, es colocar una doble bolsa en el recipiente dedicado a la misma. Es decir, colocamos una bolsa, y en el interior de esta ponemos unas gotas de cualquier fragancia o colonia fresca que usemos, y a continuación ponemos la bolsa que llenaremos de desperdicios. Así, mantenemos el cubo con una bolsa que no tocaremos en semanas y que tendrá un olor agradable.
El fregadero también puede ser un punto de inflexión en lo que respecta al mal olor. Podemos calentar una taza de vinagre, añadir sal gorda y bicarbonato y verterlo en el desagüe, dejando que actúe media hora, y enjuagarlo con agua.
La primera estancia que pisamos al entrar es el recibidor. Tenga el tamaño que tenga, la primera impresión que provoque esta habitación es fundamental. Como en muchas ocasiones sirve de zapatero, donde dejamos los zapatos que traemos de la calle, y los chaquetones o ropa de abrigo, se puede concentrar el olor a humedad o suciedad. Podemos esconder un recipiente con vinagre en algún rincón de la estancia, que absorbe los malos olores, o bien poner alguna planta de pino, lavanda, eucalipto o jazmín.
En las habitaciones podemos hacer nuestro propio ambientador, para incluirlo en los armarios. Si hacemos ramitos de lavanda, y dejamos que se sequen, envolviéndolos en papel, los podemos incluir entre la ropa o en los cajones.
Si nos gustan las flores, secas o frescas, podemos dejar ramos en estancias como el baño, el salón o las habitaciones.
Si queremos que nuestro olor se propague por las sábanas, podemos utilizar unas gotas del que más nos guste, o de cualquier colonia fresca, para impregnar la almohada.
Con algunos de estos trucos o todos podemos conseguir mantener a raya los malos olores y hacer que nuestra vivienda sea la envidia de todas nuestras visitas.