
Desde que comenzara la pandemia del coronavirus y se extendiera por cada una de las provincias y comunidades autónomas españolas, no hemos visto más que emprendedores y pequeños comerciantes rasgándose las vestiduras por intentar continuar ahí, abasteciendo a la ciudadanía.
Bien es cierto que muchos de esos pequeños comercios tuvieron que bajar sus barajas, por imperativo legal, pero los que pudieron quedarse, como establecimientos de alimentación o pequeños supermercados, no titubearon y estuvieron al pie del cañón. Y los que no pudieron, no se cruzaron de brazos, sino que hicieron que sus trabajadores se fueran a casa, se pusieran al día en el teletrabajo y siguieran rindiendo, produciendo, atendiendo, dando respuestas…
Y cuando se han ido rebajando las exigencias, una vez más, sin pensar en las consecuencias, todos aquellos que ahora sí pueden ejercer su actividad, vuelven a abrir sus puertas, con las medidas de seguridad necesarias, trabajando con condiciones no siempre óptimas, haciendo inversiones en material sanitario, y dejándose la piel.
Ellos han estado con nosotros en los peores momentos, para que a nuestra mesa llegaran alimentos; para que no estuviéramos desabastecidos de material laboral o escolar para el teletrabajo o el cole en casa; para poder desarrollar cualquier actividad de ocio o laboral; y ahora la pregunta es ¿y nosotros con ellos?
Es el momento de apostar por el comercio de proximidad, por el comercio local, el que nace y se ubica en nuestra localidad, el que no llega a través de franquicias y apuesta por la mano de obra de la tierra. El que nace del esfuerzo de uno o varios socios que creen en su sueño y lo desarrollan, a base de esfuerzo; con cuentas que no siempre tienen un saldo positivo; contratos poco a poco y un crecimiento conseguido con sudor y lágrimas.
El que se encuentra al lado de casa; en el que el dependiente o el propietario se sabe tu nombre, conoce a tu familia o tus gustos; el que te ofrece el mejor producto al mejor precio; el que no escatima por encontrar lo que necesitas; el que te da charla y acaba conociéndote un poco más día a día; el que no duda en intentar conseguir ofrecerte lo mejor, y si no lo tiene, lo consigue; el que es amable y muestra su mejor cara, a pesar de las condiciones no siempre óptimas.
Ahora hay que mirar al que nos ha cuidado y nos ha apoyado, y tenderles nuestra mano…¿apostamos por el comercio local?